Y miro por la ventana, expectante, mientras el mundo gira e imagino que las cuestas y las circunstancias obligan a alguien a llegar hasta donde yo me he sentido perdida tantas veces. Y entonces recuerdo que amar también es irse. Y no responder a las llamadas. Que amar también es que alguien te mate, porque seguir viviendo así es demasiado triste. Y sólo deseo que alguna vez se me ocurra algo más bonito para explicar mi vida que un largo silencio al que no le sigue ninguna palabra.
No hay comentarios:
Publicar un comentario