Y así se amaron, y los atropellaron.
Mientras, ella tocó un blues y él su blusa,
haciendo poesía a su musa.
Fueron inmortales a cada latido,
ignorando que algún día entre ellos dos solo quedaría olvido.
Se fue, y no volvió a mirar atrás.
Le vio marcharse volando a ras del suelo o quizás del cielo,
besando todos sus miedos. Y fueron sus ojos
una 9mm apuntándole en la nuca, suplicándole que no la olvidara nunca.
Se apoderó de ella el temor, que la invitó a avanzar
aun estando inmóvil por la cordura de su ausencia.

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