De repente, sin que yo entendiera
porque, ella corrió hacia mí y me abrazó, y luego lloró, me besó y lloraba. Y
yo no entendí que es lo que había dicho, pero casi que me revolvía el estómago el
placer que me daba verla tan vulnerable. Me sentía casi cruel, es decir,
lloraba por algo que había dicho, fuese lo que fuese, pero en fin, lloraba por
mí. Y nunca nadie había llorado antes por mí.

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