lunes, 24 de febrero de 2014

De repente, sin que yo entendiera porque, ella corrió hacia mí y me abrazó, y luego lloró, me besó y lloraba. Y yo no entendí que es lo que había dicho, pero casi que me revolvía el estómago el placer que me daba verla tan vulnerable. Me sentía casi cruel, es decir, lloraba por algo que había dicho, fuese lo que fuese, pero en fin, lloraba por mí. Y nunca nadie había llorado antes  por mí.


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