miércoles, 11 de junio de 2014

No, no siempre es fácil. Dejar ir a alguien requiere coraje, porque dejar ir a alguien es dejar ir una parte de ti, una parte que quizá no volverá jamás. Y peor aún, hay personas que llegan tan dentro de tu ser, que cuando se marchan no vuelves a ser igual.
No hay más que los momentos en los que estamos con ese otro cuya vida creemos entender. ¿Que más podría darme tu recuerdo? 
Ya ves, yo sigo pensando en ti. No te escribo, de pronto miro el cielo, esa nube que pasa. Y tú quizás, en tu balcón, mirarás una nube.
Nos hicimos, jugando todo el mal necesario. El tiempo pone el resto.


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