lunes, 24 de febrero de 2014

Parte del libro que estoy escribiendo♥


Siempre me habían resultado particularmente patéticos aquellos hombres que estaban parados en una esquina, mirando hacia todos lados, esperando algo que quien sabe si llegaría o no. Todos arreglados y perdiendo toda pizca de dignidad solo por una mujer.
Pero luego esa mujer llegaba, y ellos sonreían, y nunca había entendido bien como es que pasaba a parecer un hombre distinto, después de obviamente, un abrazo y el beso de saludo, que usualmente duraba un poco más de lo que tenía que durar, teniendo en cuenta que estaban en la calle, que obstruían el paso, y que a nadie le interesaba el amor que se tenían.
Yo solía ser de esos que gritaban ‘consíganse un cuarto!’, de hecho creo que lo habré hecho hace dos semanas.
Pero luego llegó Sabina, caminando con su minifalda negra, esos tacos que debían medir aproximadamente 3 metros, un blazer gris que debía valer más que mi sueldo entero, y con ojeras, el pelo revuelto, y una expresión de fatiga que te contaba como había sido su día en el trabajo. Y no me importó, no me importó la gente de afuera, ni que ella no llevara maquillaje, o que no se hubiese peinado antes de verme. No me importó el hecho de que yo me esforcé en verme bien, y ella solo vino a verme, porque saber que salió de donde quiera que estuviera, sin mirarse al espejo, teniendo la confianza de que yo la aceptaría así, me llenó el alma.
Y ahí entendí, a aquellos hombres que esperaban como idiotas, porque esto era, sencillamente, uno de esos momentos de la vida en que uno desea que todo se pare.
Que la gente desaparezca, que ella se ponga en pausa para poder mirar cada detalle de su ser, desde la uña saltada de esmalte del dedo pequeño en su mano derecha, hasta que solo llevaba un aro de pluma, y en la otra oreja no llevaba nada, o que alguna vez fue rubia, y se le notaba en las raíces que todavía no había cubierto de tintura, o que a pesar de  que toda la gente que pasaba en la avenida la empujaba, y de que llovía, ella levantó su mirada y me sonrío.
Y ahí deseé, ser aquel hombre que los demás consideran patético, por el resto de mi vida.

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