Eramos la típica pareja. Caminábamos de la mano. Nos reíamos de todo juntos. Mis amigos se hicieron amigos de tus amigos porque no podíamos estar separados. Dormíamos juntos. Comíamos juntos. Creíamos en un para siempre. Y en eso me enfoco hoy.
Existe ese para siempre?
En mi pared me escribiste una vez, hoy y siempre. En una placita escribí nuestros nombres en un corazón. En la pared de una fábrica escribimos que para siempre. Me escribiste en un millón y uno de cartas que me amabas para siempre. Yo escribí en mi diario, escribí en mi blog. Siempre, con la palabra siempre.
Quedó pactado en miles de lugares que nuestro amor era para siempre, que nada lo iba a romper.
Y después de meses de la última vez que te hablé, hoy puedo decir que mi pared está pintada, que donde estaba esa plaza ahora hay un edificio, que la fábrica la demolieron y que tus cartas y mi diario están guardadas en una caja en lo alto de mi placard. Que mi blog como tantas otras cosas, ya se perdió. Que para siempre esos para siempre no están más.
Todo se borra, en verdad nada dura para siempre. Nada físico que lo mantenga. Nada que lo encadene a la realidad.
Aún así, yo sé en mi mente, y vos en la tuya, que esos para siempre existieron. Que esos para siempre fueron para siempre, en ese momento. Que aunque ahora digo nunca, ahí decía siempre. Por eso sé que todavía te amo, y que es un amor para siempre. Porque las letras, la tinta, los aerosoles, incluso el internet, hasta el puto mundo puede volar en mil pedazos, pero la esencia, los recuerdos, todos los momentos vividos, son pasados pero no por eso dejan de existir. No se van, no se borran.
Por eso te digo que aun hoy, para siempre voy a estar con vos. Quizás solo sea en mi recuerdo. Pero en mi corazón reinará mi pasado, y ojalá que un día seas mi futuro.
(Es casi ley, los amores eternos son los más breves.)

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